TRES CRUCES, POR AIMEE JOARISTI

 

TRES CRUCES, POR AIMEE JOARISTI

 

La redención no exculpa. En cualquier caso, subraya, remite, activa lo latente, estimula el recuerdo, desempolva el texto. Esta propuesta no es una exposición al uso, no supone la acumulación de obras y el establecimiento de un posible diálogo entre ellas. En su defecto, asistimos a un acto de recordación y de memoria. Recibimos, entonces, una bofetada, frontal y fría. Si de algo sirve el arte es para emancipar la conciencia; si de algo sirve la historia es para librarnos de la amnesia y no para perpetuarla.

TresCruces, lanza una mirada a uno de los sucesos más trágicos de la historia reciente de Costa Rica. Se trata de la llamada Masacre de Alajuelita. Un crimen de género que removió los cimientos de la sociedad costarricense de entonces y puso a prueba la eficacia de los mecanismos de la observación centrados en la doble acción vigilar y castigar. Un Domingo de Ramos, hace ya treinta años, el país despertó bajo una noticia que sembró el terror en la población al tiempo gestionó una gran oleada de rechazo manifiesto a la violencia y a los protagonistas de la misma. Entonces siete mujeres inocentes fueron violadas y brutalmente ejecutadas cuando descendían de la Cruz de la Alajuelita, luego de una larga peregrinación de carácter litúrgico con el fin de pagar una promesa. La instalación desplegada en estas salas funciona -según la subjetividad artística- como una suerte de recreación de ese momento. Una puesta en escena que, como todo gesto artístico que sustantiva el “desvío retórico”, mezcla algunos pasajes de ese suceso con episodios de la vida personal de la artista. De tal suerte cada ámbito apuesta por un diálogo -simultáneo- entre “lo histórico” y “lo biográfico”. Se trata de un ensayo de carácter multidisciplinar que obliga a sintoniza, en una misma línea dramatúrgica, la pintura, la instalación, el vídeo, la entrevista, materiales de archivo y la dimensión documental.

La actualización de este suceso asume, de alguna manera, una responsabilidad con la historia misma, salvaguardando un absoluto respeto por esas víctimas y sus familiares. La violencia de género constituye uno de los más graves síntomas de la cultura contemporánea contra la que los políticos y todas las fuerzas sociales deben (y tienen) que continuar luchando. Visto desde la perspectiva actual y desde el prisma de los debates feministas, este hecho no es sino otro de los tantos crímenes machistas que perpetúa los sistemas falocéntricos y retrógrados tan presentes en nuestras sociedades llamadas tercermundistas, periféricas y postcoloniales.

Andrés Isaac Santana
Comisario de la muestra

 

Redemption does not exculpate. In any case, it underscores, remits, activates the latent, stimulates the memory, dusts off the text. This is not your ordinary exhibition. It does not involve an accumulation of works and the establishment of a possible dialogue between them. Rather, what we behold is an act of remembrance and of memory. We receive, then, a harsh slap, right to the face. If art is of any use, it is by liberating the conscience. If history is of any use, it is to free us from amnesia, and not to perpetuate it.

TresCruces (ThreeCrosses) presents a look at one of the most tragic events in the recent history of Costa Rica: the Alajuelita Massacre, a gender-based crime that shook the foundations of Costa Rican society at the time, and put the efficacy of observation mechanisms, based on the dual actions of surveillance and punishment, to the test. On a Palm Sunday, 30 years ago, the country woke up to news that sowed terror amongst the people at the time, sparking a great, manifest wave of repulsion at the violence perpetrated and those responsible for it. Seven innocent women were raped and brutally executed when they descended from the Cruz de la Alajuelita, after a long religious pilgrimage made to honour a promise to God. The installation displayed in these rooms functions –according to artistic subjectivity– as a kind of replication of that time. A staging that, like any artistic gesture that nominalizes a “rhetorical detour”, mixes some elements of that event with episodes from the artist’s personal life. In this way, each area is committed to a simultaneous interplay between “the historical” and “the biographical”. It is, then, a multidisciplinary work that requires blending and balancing, in the same dramaturgical line, painting, the installation, video, interviews, archival materials and the documentary dimension.

Revisiting this event entails, in some way, a responsibility towards history itself, while ensuring the utmost respect for the victims and their relatives. Gender violence constitutes one of the most serious social diseases plaguing contemporary culture, against which politicians and every force must continue to fight. Seen from the current perspective, and through the prism of feminist debates, this phenomenon is just another of the many chauvinistic crimes that perpetuate the phallocentric and retrograde systems permeating our “Third World”, peripheral and post-colonial societies.

Andrés Isaac Santana
Commissioner of the Exhibition

 

El 6 de abril de 1986 un terrible feminicidio conmocionó a la sociedad costarricense. Una mujer y seis niñas que habían participado en una ceremonia religiosa en un sitio de peregrinaje conocido como Cruz de Alajuelita, en la provincia de San José, fueron brutalmente violadas y asesinadas por desconocidos. La muerte sorprendió a las víctimas en el trayecto de regreso a sus hogares en un día destinado a la celebración y al culto. Hasta hoy el crimen permanece sin aclarar debido a numerosos errores cometidos en las diligencias de investigación e instrucción del proceso penal. La impunidad de esos hechos es un trauma anclado en la memoria colectiva de la nación, que observa con vergüenza la marea de violencia que atraviesa el tiempo, conectando pasado y presente. Las vidas truncadas en el descenso del monte aquel día, desamparadas a pesar de su fe, vuelven a aguijonear el recuerdo de los costarricenses con cada nuevo episodio de violencia de género reflejado en los titulares de periódicos y noticieros.

El suceso relatado es el detonante de la instalación Tres cruces. Una suerte de escenografía de la violencia que nos adentra en los paisajes traumáticos del duelo por medio de la poesía de imágenes que evitan a toda costa el morbo, la escatología y el carácter pornográfico de la ciencia forense. La búsqueda en los archivos no resulta aquí en la exposición descontextualizada del documento, como ha sido habitual en las políticas museísticas de la memoria. Aimée Joaristi ha preferido una reflexión que conecta con los lenguajes de su trabajo anterior y donde la abstracción y el paisaje guían al espectador por la geografía del acontecimiento.

Suset Sánchez

Curadora y crítica de arte
Investigadora en residencia
Dpto. Exposiciones Temporales
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

 

On April 6, 1986, a terrible femicide shocked Costa Rican society. A woman and six girls who had participated in a religious ceremony at a pilgrimage site known as the Cruz de Alajuelita, in the province of San José, were brutally raped and murdered by strangers. Death surprised the victims on their way back to their homes on a day intended for celebration and worship. Until today the crime remains shrouded in mystery, due to numerous errors committed in the investigation and handling of the criminal proceedings. The impunity of the crime has functioned as a source of trauma seared into the nation’s collective memory, which observes with indignation the tide of violence that transcends time, linking the past and present. The lives cut short during the descent from the mountain that day, helpless, despite their faith, again haunt the memories of Costa Ricans with each new incident of gender violence found in the headlines of newspapers and news programmes.

The event in question was the trigger for the Three Crosses installation, a kind of staging of violence that transports us to traumatic landscapes of mourning through a poetry of images that shuns, at all costs, the morbid, eschatological and pornographic nature of forensic science. The search in the archives does not result here in the decontextualized exposition of the document, as has been a common result yielded by museum policies seeking to document historical events. Rather, Aimée Joaristi has opted for a reflection that seamlessly connects with the languages of her previous work, and where abstraction and the landscape guide the viewer through the geography of the event.

Suset Sánchez

Curator and Art Critic
Resident Researcher
Dept. of Temporary Exhibitions
Queen Sofia National Art Centre Museum
Aimée

 

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